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martes, 8 de agosto de 2017

Trucos para que los bebés desayunen y tomen fruta

Desayuno sano

Un buen desayuno es clave para que pueda afrontar el día con energía

Como siempre se dice, el desayuno es la comida más importante del día y en el caso de los bebés o niños, más aún, pues además de aportarles los nutrientes necesarios para su correcto crecimiento físico e intelectual, les proporciona, como mínimo, el 25% del aporte calórico del día. Desayunando, nos aseguramos que dispongan de la suficiente energía para llegar hasta la hora de la comida, o al menos hasta el almuerzo (recomendamos 5 comidas al día, desayuno, almuerzo, comida, merienda y cena). Por ello es tan recomendable inculcar este hábito desde la más tierna infancia, que muchas veces pasará por inculcarnoslo a nosotros mismos, ya que una buena forma de enseñar siempre es con el ejemplo.

A partir del año es el momento de incorporar en la alimentación de nuestro bebe lácteos, frutas y cereales, los cuales deben estar presentes a diario. Un ejemplo típico es combinar un lácteo (leche, yogur adaptado, queso fresco...) con un farináceo (cerales, pan, bizcocho casero...) y fruta (en zumo recién exprimido o media pieza de fruta en trocitos).

Cuando ya se haya acostumbrado a este tipo de desayuno en todas sus variantes, puedes incluir además cacao, aceite de oliva, mermelada y embutido bajo en grasa. Es importante no introducir estos cambios hasta que no esté acostumbrado al desayuno tradicional puesto que podría preferir estos extras al desayuno tradicional, derivando en un desayuno que ya no es completo y estará desequilibrado.

Si algún día no le apatece, no le fuerces, nunca hay que forzar cuando estamos hablando de dar de comer pues puede ocasionar rechazo, lo importante es que se vaya creando el hábito de desayunar al levantarse por la mañana.

Trucos para que se coman la fruta

A pesar de la importancia de la ingesta de fruta, no todos los padres están concienciados suficientemente, y muestra de ello es que muchos de ellos tampoco toman todas las piezas de fruta que deberían. Esto muchas veces se traduce en que los bebés muestran cierto rechazo a comerla y a pesar de nuestros esfuerzos, no siempre lo conseguimos. Por eso os indicamos una serie de consejos que pueden ayudar:
-Da ejemplo, como en casi todas las facetas de la educación del hijo, el ejemplo es de gran ayuda.
-Que no te importe que jueguen con ella (en cierta medida y dependiendo de la edad) puesto que de jugar a comérsela hay sólo un paso.
-Puedes preparársela de formas divertidas, echándole imaginación: un plátano delfín, una carita en el plato, un abanico de mandarinas, un kiwi erizo... Sino sabes o no se te ocurren ideas en internet puedes encontrar diversos manuales. Recuerda que tu hijo también puede ayudarte con las preparaciones haciendo que comer fruta sea hasta divertido.
-Siempre será más sencillo que se alimenten con zumos, así que no desesperes sino consigues que se tome la pieza, se puede ir acostumbrando al sabor por medio de zumos o batidos.

sábado, 4 de marzo de 2017

Sistema para establecer límites a los niños

Indicamos un método eficaz y sencillo para establecer límites a nuestros hijos.

En el artículo anterior Poner límites es fundamental para los niños desarrollamos la importancia y las consecuencias negativas en la educación y desarrollo de nuestros hijos de la ausencia de límites. También comentamos que la existencia de limitaciones promueve la asimilación de dos pilares básicos de la educación infantil:
-A veces no se consigue lo que se quiere en cuanto se desea.
-Los malos comportamientos o decisiones tienen consecuencias negativas.

Una vez comprendido esto debemos decidir cómo vamos a establecer esos límites, si indicándoselos en todo momento cada vez que sea necesario (lo que pierde fuerza) o con algún otro método.
Aquí usaremos una pizarra, papel o similar, colocado en un lugar visible de la casa (y si puede ser a la que no tenga alcance directo para evitar la tentación del menor de manipularla) dividida en dos partes: una con un recuento de las veces que queremos recompensarle y otra con un recuento de las veces en las que no nos ha gustado su comportamiento. La primera parte fomenta el primer pilar puesto que el niño observa que con buenas acciones y paciencia puede obtener un premio (no hace falta que sea material, puede ser ponerse a jugar con algo que le gusta mucho, ir a algún sitio, una comida que le gusta... de hecho es recomendable que el tipo de recompensa varíe para no asociar que sólo consigue ese tipo de premio sino que en general obtendrá una recompensa, evitando los premios materiales en la medida de lo posible).
De esta forma tenderá a huir de la impaciencia y le enseñaremos a manejar la frustración por no conseguir lo que quiere en cuanto lo quiere mostrándole que el esfuerzo y la constancia forman un mejor camino que la autocomplaciencia instantánea de “quiero esto ahora”.

Para ello en ocasiones le diremos que ocurrirá cuando acumule determinado número de acciones positivas, cuál será el premio, mostrándole una meta a largo plazo. El número de acciones positivas es aconsejable establecerlo conjuntamente, haciéndole partícipe del método, lo que fomentará su aceptación. Podemos fijar el número haciendo que siempre sea el mismo o podemos variarlo en función del premio que le vamos a dar. Se puede ir aumentando el número para espaciar en el tiempo la entrega de recompensas hasta que al final no sean necesarias, pero esto debe hacerse muy lentamente, sino es mejor mantenerlo fijo, puesto que de lo contrario se podrían fijar unos objetivos demasiado ambiciosos lo que provocaría el rechazo del sistema.
No siempre le diremos cuál será el premio, muchas veces porque no se nos ocurrirá qué premio darle y otras para que no asimile que siempre consigue lo que quiere de esa forma, provocando que se centre demasiado en eso sin importarle cómo conseguirlo. Es decir, se le enseña a que siempre hay que comportarse cómo nosotros consideramos que es correcto, aunque no haya premio o lo desconozca. Esto es más difícil de asimilar para los más pequeños así que si nos insiste en saber de antemano cuál será el premio debemos decirselo, a medida que vaya creciendo no nos lo pedirá y por supuesto también dejará de ser necesaria la pizarra.

La otra mitad, claramente, fomenta la idea de que los malos comportamientos provocan consecuencias negativas en forma de castigo. Entiéndase castigo en su concepto más amplio, una repercusión por sus acciones, no va al parque a jugar, no ve la tele (muy útil pues en general están delante del televisor demasiado tiempo) no puede jugar con nuestro móvil (en general desaconsejamos dejárselo y si lo hacemos, siempre delante nuestro para controlar el tiempo y también muy importante qué hace con él puesto que hay infinidad de contenido que no es apto) le quitamos un juguete... cada padre o madre sabrá mejor cuál es la consecuencia que debe tener un reiterado mal comportamiento.
Esto no quiere decir que no podamos reprimirle en el momento que hace algo mal puesto que no ha acumulado suficientes acciones negativas, al contrario, puesto que podría entrar en el juego de saber que no va a pasar nada hasta que llegue a determinado número, volviéndose en contra el método puesto que le enseñaríamos que, en ocasiones, las malas acciones no tienen consecuencias negativas. Siempre hay que regañarle por lo que ha hecho mal pero controlando la intensidad puesto que podría provocar un rechazo a las normas y a los padres en general en caso de intensidad excesiva. Es mejor quedarse por debajo que sobrepasarse, no obstante si acumula muchas las consecuencias deben ser más graves para él, puesto que sino no aprende nada de esa situación.
El castigo es mejor si es inmediato, es decir, si está viendo la tele, se le apaga, si está jugando con un juguete se le quita... ya que tienen en este aspecto mala memoria y si les dices mañana no saldrás al parque en ese momento le dará igual (perdiendo la eficacia del castigo, puesto que hay una consecuencia pero no la percibe) y cuando llegue el día siguiente es muy posible que ni siquiera recuerde qué es lo que hizo mal para merecer ese castigo (por lo que le estaríamos castigando por nada según su punto de vista haciendo que las normas y la autoridad carezcan de sentido y parezca todo arbitrario).

Cómo el objetivo es doble, queremos muchas acciones buenas y ninguna mala, podemos establecer un reto doble, por ejemplo, si consigue determinado número de acciones buenas y ninguna mala premio doble o mayor, puesto que sino la importancia de la existencia de malas conductas en presencia de otras buenas disminuye mucho haciendo más débil el mensaje que queremos transmitirle: ninguna acción mala como meta (obviamente son niños y alguna harán).

La edad en la que se puede utilizar este método varía según el desarrollo de cada bebé, pero cuando es plenamente consciente, puede interpretar perfectamente nuestras ideas y él expresar las suyas, ya se puede emplear. Suele variar entre los 3 y los 4 años, pero si es necesario se puede emplear en edades más avanzadas, no obstante, conforme sean mayores normalmente, será más difícil de establecer.
Su uso se puede extender todo el tiempo necesario, hasta que ya consideremos que es prescindible, pero mejor hacerlo de una manera progresiva, estableciendo retos más ambiciosos aunque siempre alcanzables. Lo ideal sería dejar este método con un gran reto que además del premio ponga fin a la existencia del sistema de la pizarra comunicándole esto con antelación.

Este método es sólo un ejemplo, se puede usar una variante de él u otro completamente distinto, lo importante, como siempre, es mirar a largo plazo y establecer normas y límites para que nuestros hijos crezcan equilibrados y felices.


Vídeo de Bebes Dormilones, una buena opción para que sueñen



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jueves, 2 de marzo de 2017

Poner límites es fundamental para los niños

Esto es algo que de forma casi instintiva, todos los padres saben, sin embargo, puede ser difícil llevarlo a cabo.

Cada vez se presentan más casos en los que los padres son acosados por las exigencias de sus hijos, han perdido todo el control sobre la situación y no saben cómo abordar el problema. En muchas ocasiones la resolución de este tipo de problema con los hijos (prácticamente en todos) suele ser complicada y frecuentemente se necesita la ayuda de profesionales.
Lo que hay que recordar es que casi siempre esta actitud del menor se debe a una mala educación por parte de su entorno familiar, permitiéndole, desde la más temprana edad, conseguir todos sus caprichos. Por ello es muy importante establecer limitaciones entre lo que pueden o no pueden hacer nuestros hijos, antes de que pueda suponer un problema serio.

La educación debe comenzar desde que tienen uso de razón, desde bebés (por supuesto, que puedan hablar y entendernos, sino es imposible, claro está) porque, cómo cualquier otro hábito, es más difícil modificar la conducta cuanto más tiempo pasa. Por supuesto, no utilizaremos la misma inflexión, expresión corporal ni severidad cuando es más pequeño. Con suerte, si se usa bien, nunca debemos aumentar el grado de la imposición de límites puesto que el niño se acostumbrará a su existencia y no se planteará rebatirlos.

Es normal que a la hora de establecer los límites te surjan dudas sobre si realmente era necesario, si hemos actuado bien, si hemos tomado la mejor decisión... Forma parte de la lucha interior que mantienen los padres entre la parte racional de nuestro cerebro que nos dice que esa decisión que hemos tomado es lo mejor para él y la parte emocional que quiere verle feliz ahora. Si lo pensamos desde otro punto de vista, es la encrucijada entre obtener una recompensa a largo plazo (nuestro hijo será equilibrado y feliz) o conseguirla de forma inmediata (nuestro hijo se sale con la suya y en ese momento es feliz pero a la larga puede tener graves consecuencias tanto para él como para la familia).
En el caso de la educación de los padres a los hijos, siempre debemos pensar a largo plazo, puesto que la verdadera educación se realiza con constancia no con cortos consejos o lecciones que se acaban olvidando.

Establecer limitaciones a nuestros bebés por supuesto no quiere decir que nos enfademos, ni mucho menos que les gritemos (de hecho esto podría provocar un rechazo precisamente de lo que queremos enseñarle) tenemos que explicarles qué deben hacer por su bien, por qué se pueden hacer daño, por qué no está bien visto en la sociedad... el motivo correspondiente, pero siempre hay que facilitarle una causa. Esto les ayuda a comprender el mensaje que les queremos dar puesto que a medida que crecen, por naturaleza, son cada vez más curiosos, y si les establecemos límites injustificados pierden valor e importancia en la mente del niño. En algunas ocasiones la explicación es demasiado compleja como para que puedan entenderlo (por mucho que te esfuerces en simplificarlo); da igual, dásela, aunque no la entienda, observará que hay un motivo y muchas veces simplemente con eso les valdrá para retenerlo y asimilarlo en su conducta, ya lo entenderá cuando crezca un poco.

Las consecuencias de la ausencia de límites para los niños, además de las antes mencionadas, pueden ser: falta de control (puesto que han comprobado que no es necesario para conseguir lo que quieren), impulsividad desmedida e impaciencia(no saben mirar a largo plazo), intolerancia a la frustración (siempre consiguen lo que quieren), no cumplen las normas y sienten que deben tener privilegios (porque sabe que los demás tienen límites pero él no), suelen ser manipuladores haciendo que los demás se sientan mal para conseguir lo que quieren siendo impertinentes (es lo primero que aprenden cuando no hay límites), no se esfuerzan, son poco colaborativos... Todo esto junto puede hacer, además, que sean agresivos.

Los principales valores que se aprenden con la existencia de límites son dos:

-Se enseña que a veces no se consigue lo que se quiere en cuanto se desea. Esto mejora su constancia, buena conducta, su paciencia, su empatía, la complicidad con los padres, su autocontrol, la necesidad del esfuerzo, su capacidad colaborativa...

-Se enseña que malos comportamientos o decisiones tienen consecuencias negativas, las cuales hay que aceptar, asumir y corregir. De esta forma mejora la capacidad de autocrítica, la capacidad de analizar nuestro propio comportamiento, nuestro afán de mejora constante, también mejora la empatía y el sentimiento de que se necesita justicia en nuestra sociedad.

Este último valor es el que tradicionalmente se tiene más olvidado, y sólo tenemos que mirar nuestro propio comportamiento y es que muchos asumiremos que ante una crítica, que puede ser constructiva y objetivamente hablando real, nosotros tendemos a enrrocarnos en nuestra posición, sin dar nuestro brazo a torcer. Somos poco capaces, en líneas generales, de asumir nuestra culpa y pedir perdón. De ahí el auge en redes sociales de los llamados haters, en algunas ocasiones existen porque saben que nos vamos a pedir disculpas por un mal comportamiento y vamos a discutir, que es lo que realmente quieren. En otros casos simplemente no se entiende el por qué de estos individuos.

No debemos ceder antes los chantajes del tipo que sean (emocionales, de mal comportamiento...) en ninguna circunstancia ni lugar. El ejemplo claro lo encontramos en los niños que se portan peor cuando hay público porque saben que nos avergonzamos de su mal comportamiento consiguiendo lo que quieren. Es difícil luchar contra ese sentimiento de vergüenza, pero una vez más, debemos pensar a largo plazo, ¿queremos un niño que una vez se comportó mal en público y que tiempo después no nos acordaremos que pasó? ¿o un niño que siempre se comporta mal en público porque no supimos establecer límites en su momento? De esto último siempre nos acordaríamos y lamentaríamos.

Por ello hay que evitar siempre el refuerzo negativo, es decir, recompensar de manera indirecta, facilitandole al niño lo que desea para que deje de comportarse mal. Evidentemente, si lo pensamos, nosotros no queremos recompensar las malas acciones, pero es el mensaje que se le queda grabado al pequeño: si quiero algo y no me lo dan, me comporto mal y entonces me lo dan para que deje de comportarme así.

En vez de eso, deberíamos mantenernos en nuestra postura negándole lo que estimamos oportuno siempre razonando el por qué de nuestra decisión. Si el motivo es un mal comportamiento previo, automáticamente le estás enseñando que comportarse mal tiene consecuencias negativas.
Pasado un tiempo (otro día por ejemplo, no dejando pasar mucho tiempo para que recuerde el mensaje que le queremos transmitir) cuando se comporte bien, quizás podemos recompensarle con lo que le negamos el día anterior. De esta forma asume que la mejor forma de conseguir lo que quiere es siguiendo las reglas. Portarse bien tiene consecuencias positivas. Esto sería educar con refuerzo positivo.
Les transmitimos las nociones básicas del bien y el mal, conceptos muy complejos simplificados para que los entiendan nuestros hijos.

En resumen, los padres deben enseñar qué es lo correcto, a aceptar la negativa ante algo deseado, a ser pacientes y lo que es el sentimiento de frustración dándole recursos con los que hacerle frente, porque para que un niño cuando sea adulto pueda seguir su propio camino, estableciendo sus propias reglas, antes debe haber conocido las limitaciones puestas desde fuera, por sus padres.

En el siguiente artículo Sistema para establecer límites a los niños mostraremos un método que podemos utilizar para establecer limitaciones a nuestros hijos.


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martes, 7 de febrero de 2017

¿Tu bebé no obedece? Consejos para evitarlo

Mi hijo no obedece
Muchas veces no podemos evitar ponernos nerviosos cuando no obedecen. Siguiendo estos pasos conseguiremos que hagan más caso consiguiendo de esta forma un mejor ambiente familiar



     1.   Seguramente muchas veces hayas oido lo de educar con refuerzo positivo, ¿pero en qué consiste? Casi de forma natural vamos educando a nuestros hijos en negativo, esto es porque cuando son muy muy pequeños apenas comprenden nuestras palabras y para evitar situaciones de riesgo o peligro utilizamos una sencilla y corta palabra: No. Esto cuando son pequeños no es malo puesto que es una sencilla y directa instrucción que puede paralizar la acción indeseada ayudando a mantenerle a salvo.

No obstante, a medida que vaya creciendo e interprete mejor frases más complejas, debemos ir desterrando ese simple no y utilizar el refuerzo positivo. Esto se debe a que podemos decir una enorme cantidad de veces a lo largo del día esa misma palabra (puedes hacer la prueba y te asombrarás) hasta 80 veces perdiendo de esta forma totalmente su efecto disuasorio y provocando una cierta inmunidad puesto que no surte ningún efecto. Si empiezas a percibir que ese No le entra por un oído y le sale por otro, ha llegado el momento, debes cambiar al refuerzo positivo.
Los psicólogos nos demuestran que el refuerzo positivo es más beneficioso y útil. Para ello cambiaríamos el mensaje de “No pegues a tu hermana” por “Trata bien a tu hermana”, “No cojas eso” por “Coge esto otro” o “No veas la televisión” por “¿Leemos un rato?

     2.   Perder la paciencia es sencillamente demasiado fácil, y lo peor es que nuestros hijos son sumamente observadores y se ven que nos molestan ciertas actitudes, no dudarán en fomentarlas cuando no consigan lo que desean provocando que hagan más veces aquello que tanto nos molestó que hicieran. Como se puede apreciar es sumamente nocivo. Por ello debemos controlar nuestras emociones todo lo que podamos cuando estemos enfadados por algo que han hecho o dicho, usando la firmeza justa y mostrándose sosegado y calmado, lo que ayudará a que no hagan esa acción por despecho hacia vosotros, pues observan que no tiene ningún efecto en nuestro ánimo (en apariencia claro). Esto, por supuesto, es más fácil decirlo que hacerlo, pero con práctica y determinación tendremos la suficiente destreza para lidiar con estas situaciones.

     3.   Sin darnos cuenta damos instrucciones demasiado ambiguas, vagas o incluso contradictorias. Como por ejemplo: “pórtate bien” “tienes que ser bueno”. Órdenes tan sencillas que no aportan ningún tipo de información de cómo tienen que actuar ni por qué. Este último punto es importante, a medida de que crezcan, las órdenes nuevas pedirán que las argumentemos, no valdrá con enunciarlas, querrán saber por qué. Este paso es natural y no debemos tomarlo como un reto, sino como un intento por parte de nuestros hijos por comprendernos y saber cómo funciona el mundo.
Debemos por ello procurar ser más específicos, concisos, aclarando lo que esperamos de ellos y por qué. Como ejemplos: “En la biblioteca hay que hablar bajito porque la gente está leyendo” o “Tenemos que hacer la fila para poder entrar porque sino sería muy complicado entrar todos a la vez”. Recordar que la argumentación sólo es necesaria para instrucciones nuevas, sino si que podría ser un intento de sacar de quicio. Hay que evitar por completo frases como “Porque yo lo digo” proporciona un aire de autoritarismo muy dañino y favorece que el niño entienda que la inflexión y cierta cabezonería son buenas formas de actuar.
     4.   Por último está el detalle que muchas veces los padres olvidan: debemos ser ejemplificantes. En muchas ocasiones los padres se quejan de la actitud de su hijo cuando realmente ellos mismos se comportan igual aunque a otra escala y aunque es natural que queramos que nuestros hijos sean mejores que nosotros, es muy difícil que la actitud de nuestros hijos sea diferente de la nuestra, por lo que debemos ser todo lo que queremos que sean, bondadosos, generosos, ordenados, obedientes...

Mucho ánimo con esa educación!


Duerme a tu bebé con música clásica y desarrolla su inteligencia mientras duerme


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miércoles, 9 de noviembre de 2016

Las rabietas de los 2 años

Rabieta de un niño
Los bebés suelen empezar a mostrar sus primeras rabietas a los 2 años

Entre los 2 y 3 años nuestro bebé puede comenzar a tener cambios de humor repentinos, desobedecer, chillar porque no consigue lo que quiere, lo que se conoce como una rabieta. Cuando aparecen suelen mostrarse muy distantes, poco comunicativos, sin capacidad de razonamiento ni autocontrol. Esto suele desesperar a los padres, como es lógico, puesto que aparentemente no pueden hacer nada para calmarlo, siendo la única escapatoria, transigir dejando que consiga lo que quería. Esto no debemos hacerlo nunca, debemos ser firmes con nuestras decisiones, sin que ello signifique ser intransigentes, al contrario, debemos mantenernos negociantes, conciliadores y serenos, pero sin cambiar nuestra decisión.
Es difícil mantener la calma, especialmente en lugares públicos. En ocasiones podrás pensar que precisamente cuando estamos en estos espacios es cuando peor se portan, y efectivamente, saben que ahí tienen más poder, por ello es donde debemos mostrarnos más firmes y convincentes sin importar las miradas de los demás.

Las rabietas, en contra de las creencia popular, son necesarias (en su justa medida) para el desarrollo de nuestros hijos, pues es cuando empiezan a comprender que son seres independientes de nosotros y que nuestras decisiones no tienen por qué ser las que ellos quieren. Es por tanto, un mecanismo para demostrar que están disgustados y que efectivamente pueden hacer cosas diferentes a lo que nosotros queremos, que disponen de la capacidad de decidir si lo que nosotros queremos se tiene que cumplir o no.
El objetivo, una vez que ha descubierto esta capacidad, es que comprendan que hay mejores formas de demostrar su disgusto y que en ocasiones, tendrán que hacer algo que no desean, forma parte de ir madurando.

Un paso muy importante para que las rabietas se encaucen, sean productivas y disminuya su frecuencia, es la actitud que los padres tenemos ante ellas. Debemos mantener la calma y estar serenos, no demostrar que nos puede hacer explotar en cualquier momento, porque le dará más fuerza y se podría convertir en un problema. No hay que recurrir ni a los gritos, ni al chantaje ni a ridiculizarle. Es fundamental que el niño perciba que aunque su comportamiento en ese momento no nos agrada, les seguimos queriendo tal y como es.
Tenemos que evitar en la medida de lo posible usar el “no”, especialmente el “no” sin argumentos, no es lo mismo “No toques!” que “Cuidado, que si tocas eso podrías hacerte daño”. De esta forma el niño puede entender que no es no porque sí, es un no porque tenemos miedo de que se haga daño. De todas formas, a veces, es necesario, permitir que investiguen, que se den cuenta por ellos mismos del riesgo que puede tener una determinada acción que prohibirla de entrada, puesto que aprenderá más para el futuro de algo que ha aprendido él que de algo que le han prohibido y que precisamente por eso, siempre tendrá más ganas de hacer.

Hay que hacerle ver que le comprendemos, que entendemos su punto de vista, sin que ello signifique cambiar de postura. De esta forma, transformamos una rabieta sin control en una charla con distintos puntos de vista. No hay que insistir demasiado en los motivos de nuestra decisión, con una vez es suficiente, aunque seguramente ellos seguirán esgrimiendo los mismo argumentos. Llegado a ese punto, debemos acompañarle mientras se va calmando, sin enfadarnos, sin gritar y estando disponibles para cualquier contacto físico, muestra evidente de que quieren calmarse pero no saben cómo hacerlo.
Igual de importante que superar la rabieta es el momento post-rabieta, donde se mostrará más dialogante y podremos comprender mejor qué ocurrió para que se pusiera así, dándole alternativas de comportamiento y explicando nuestro punto de vista.

Como consejos finales debemos tener mucha paciencia, saber escuchar, intentar ponernos en su lugar, facilitarles su independencia y tener en cuenta sus sentimientos.
Para ayudar a mantenernos serenos debemos recordar que esta etapa es siempre pasajera, mientras el niño madura y adquiere otras herramientas más constructivas. Ánimo!

jueves, 25 de agosto de 2016

Los primeros pasos y la actividad física en el bebé

Niño haciendo deporte

Realizar actividad física es beneficioso para todos, también para el bebé que, además, le ayudará a desarrollar sus habilidades psicomotrices

No obstante, no está definida con claridad una edad específica para realizar cada actividad, puesto que cada niño aprende a su propio ritmo y en la mayoría de los casos no se puede evolucionar y desempeñar nuevas actividades hasta que no se dominan otros pasos previos. Esto ocurre sobre todo al principio, cuando el bebé es más pequeño.

La primera actividad física de relevancia que hacen los bebés es gatear. Antes de hacer esto, tendrá que ejercitar los músculos de las extremidades y del cuello para mantener la cabeza recta y tener unas nociones de equilibrio. Es la primera habilidad que le permite desplazarse y por ello les encanta. No obstante, hay algunos niños que se saltan directamente esta fase y comienzan por andar.

Cuando aumenta más la fuerza y sobre todo el equilibrio pueden comenzar a caminar. Sus primeros pasos serán torpes y deberán hacerlos en presencia de un adulto para asegurar que no se haga daño al caerse. Esto debemos tenerlo claro, se caerá, es normal y necesario para aprender, sólo hay que procurar que no se haga daño. Debemos asegurarnos de que lo haga en una zona segura, sin esquinas que se pueda clavar y ningún objeto con el que pueda tropezarse o resbalarse.

Existen en el mercado unos tirantes donde el niño se cuelga para aprender a andar, no obstante, los desaconsejamos porque podría forzar a malas posturas, es incómodo para el bebé y para los padres y realmente no resulta útil, tu hijo es muy probable que lo rechace y prefiera intentarlo sin aparatos a su alrededor, con libertad.

La mejor forma de aprender es la tradicional, uno de los padres sujeta al bebé, manteniéndolo de pie y se le anima que vaya con el progenitor. Inicialmente tendrá que ir cogido de las manos, después dará un paso y se tirará a los brazos del padre o madre y poco a poco se irá soltando, dando cada vez más pasos.

No debemos agobiarnos si consideramos que nuestro hijo ya es mayor y aún no anda, cada proceso de aprendizaje es distinto. De todas formas, como siempre, si tenemos dudas debemos acudir a su pediatra para obtener la opinión del profesional.

A continuación, el paso natural es correr. Ya será bastante mayor y podrá ejercitarse con otras actividades que les suele gusta a todos, como escalar intentando meterse por cualquier recoveco. Jugar al escondite es una buena actividad para los más pequeños y ¡muy divertida!

El equilibrio debe aumentar mucho para aprender a saltar. En un comienzo sólo podrá hacerlo si está sujetándose a algo, no podrá impulsarse sólo con las piernas.

En este punto ya ha aprendido lo básico para realizar cualquier actividad física o deporte, como fútbol, baloncesto (le costará bastante botar bien la pelota, pero encestar le gustará bastante), ciclismo, natación... Para el ciclismo es recomendable empezar con ruedines de apoyo para simplificar el equilibrio. Actualmente existen las llamadas bicicletas de equilibrio, que no tienen pedales, son sólo dos ruedas y un sillín, lo que les permite acostumbrarse a cómo mantener el equilibrio en una bici de verdad. No hay que olvidar utilizar todas las medidas de protección adecuadas para la edad del niño, casco, rodilleras, coderas...

Para la natación hay en la actualidad muchos cursos para iniciar a los bebés en esta disciplina, lo que simplificará su aprendizaje y les hará sentirse cómodos en ese entorno. Como es bien sabido la natación es uno de los deportes más completos lo que ayudará mucho a la psicomotricidad y el desarrollo de la musculatura del bebé en todas las etapas de su crecimiento. Una vez más, no hay que olvidar la seguridad, debiendo estar en la piscina siempre con un adulto presente y con objetos que le ayuden a la flotabilidad mientras aún no domine bien la natación.

Una ventaja añadida a la realización de actividades físicas y deportes es que fomenta y desarrolla otras aptitudes beneficiosas para que nuestro hijo esté correctamente integrado en la sociedad. Entre ellas se encuentra la mejora en la intercomunicación en público y de las relaciones sociales, puesto que muchos deportes se realizan en grupo, lo que conlleva otros beneficios como son: saber escuchar, aumento de la autodisciplina y el valor del sacrificio, saber trabajar en equipo, alcanzar dotes de liderazgo, desarrollo de la capacidad de delegar, el uso de valores democráticos, la compasión, el deseo de autosuperación y por supuesto la amistad.

No importa qué actividad física realice, lo importante es que salga a la calle, y haga ejercicio mientras juega y se divierte al aire libre. Intentaremos de esta forma crear un hábito saludable, que de hacerlo bien, lo mantendrá durante toda su vida. Esto le ayudará a crecer sano y fuerte, sintiéndose bien física y mentalmente.

miércoles, 24 de agosto de 2016

Las nuevas tecnologías y los niños

Nuevas tecnologías

Es una tarea complicada saber administrar los contenidos y la duración en la que nuestros hijos están "conectados" a las nuevas tecnologías.

Sin embargo, los beneficios que pueden aportar al intelecto, y las capacidades y aptitudes que se desarrollan con el uso por parte de los más pequeños de las nuevas tecnologías, son indiscutibles. Entre ellas podemos encontrar:
  • Alfabetización digital temprana, permitiendo manejar distintas tecnologías y dispositivos como el móvil, la tablet, el ordenador... Esto le ayuda a sentirse más autónomo y libre, pudiendo descubrir la información que más le interesa por medio de buscadores como Google, vídeos como YouTube y el manejo de distintas apps.
  • Ayuda a desenvolverse bien con aparatos y dispositivos que no conoce por extrapolación de otros que si conoce aumentando sus conocimientos tecnológicos y asegurando una buena adaptación a este mundo tan informatizado.
  • Mejora los conocimientos de cualquier otra área de la cultura por medio del uso de aplicaciones educativas permitiéndole profundizar y adelantar su formación al tiempo que aumenta su capacidad intelectual y de interpretar la realidad, como la relación causa-efecto. Encontrarás apps para fomentar la lectura, la escritura, las matemáticas, el dibujo, la resolución de problemas, la música, la historia, la naturaleza y nuestro entorno, el uso de habilidades sociales, el lenguaje y su pronunciación, el espacio tridimensional... En fin, prácticamente, para lo que desees, desde lo más avanzado y práctico hasta lo más trivial.
  • Fomenta las relaciones sociales por medio de redes sociales y de comunicación como WhatsApp, Facebook, Skype... Descubriendo otra forma de conocer gente y de establecer una nueva manera de comunicarse con gente que ya conoce como familiares y amigos.
  • Por supuesto, también supone una fuente inagotable de entretenimiento digital, mejorando la asociación ojo-mano, la psicomotricidad y los reflejos.
Ante estas ventajas no debemos cerrar la puerta a nuestros hijos a las nuevas tecnologías, pero eso si, debemos tomar precauciones y estar vigilantes para evitar efectos como:
  • Excesiva dependencia de las nuevas tecnologías y el entretenimiento digital. Aquí podríamos incluir a la televisión, pues el efecto es el mismo, provocando que no tengan interés por hacer otra actividad.
  • Ansiedad porque llegue el momento por estar conectados.
  • Estadios tempranos de depresión sino es posible usar las nuevas tecnologías.
  • Desconexión de la realidad, impidiendo una sana interpretación de la misma.
  • Dificultad para interaccionar con otras personas en la vida real.
  • Problemas para hacerse entender por falta de práctica en la expresión oral.
Por ello, siempre deberemos adaptar el uso de las mismas a la edad del niño, no todo vale, siendo la duración de su utilización el factor más importante. Para guiarnos en cómo adaptarnos a cada edad se pueden utilizar los siguientes patrones:
  1. En niños menores de 6 meses abstenernos a cualquier utilización de estos entretenimientos, salvo para poner música y algunos vídeos especialmente diseñados para éstas edades que básicamente sólo muestran formas y colores y suelen ser para tranquilizarlos.

  2. Entre los 6 meses y el año y medio se pueden ir incrementando gradualmente su uso, instalando apps educativas y aumentando la duración hasta 30 min al día.

  3. Entre el año y medio y los 3 años se pueden usar todas las apps educativas que se quiera, mejor si es para su edad para que no sea demasiado difícil lo que podría desmotivarle, pero en cualquier caso la mejor forma de decidirlo es viendo cómo lo usa tu hijo. También se le puede introducir, si surge, al uso de aplicaciones de comunicación como WhatsApp y Skype, siempre con cuentas de los padres, para que vea cómo se usa y esté más en contacto con, por ejemplo, sus familiares más lejanos. YouTube también puede empezar a usarlo bajo supervisión, pero nunca más de 15 minutos. No son recomendables juegos meramente por cuestiones de pasatiempos puesto que a estas edades resultan excesivamente adictivos.

  4. Entre los 3 y los 6 años irá aumentando el tiempo y la diversidad de plataformas y aplicaciones. En esta época querrá tener cada vez más autonomía y capacidad de decisión en cómo emplea su tiempo y en las aplicaciones que utiliza, pero debemos mantenernos firmes de forma constante, las excepciones por un día, rara vez son sólo para ese día. Esto no quiere decir que seamos inflexibles, permitiéndole tener aplicaciones de entretenimiento, debiendo controlar que el tiempo no supere la hora diaria. Sería interesante que le inculcaras la aplicación principal que en sus inicios tenía Internet, la búsqueda de información y formación, mostrándole cómo puede usar las nuevas tecnologías para su aplicación en el colegio.

  5. A partir de los 6 años ya no querrán usar las nuevas tecnologías más que para el entretenimiento, por lo que sólo podremos tratar de ejemplificar con nuestro propio uso y supervisar que el tiempo no sea mayor de 1 hora diaria.
Además de tratar de adaptar el uso que nuestros hijos dan a las nuevas tecnologías existen otros consejos que podemos seguir para conseguir un buen acoplamiento al mundo tecnológico por parte de nuestros hijos:
  • Una de las mejores herramientas de las que disponemos es el ejemplo, si nosotros las usamos con responsabilidad, aprenderán de la mejor de las maneras a esta edad, por imitación.
  • También debemos hacerle comprender que no es su móvil, su televisión, ni su ordenador, tú lo has pagado y él puede usarlo siguiendo tus indicaciones.
  • No debe abrirse cuentas propias hasta al menos los 12 años y aunque ya sea mayor, la supervisión de las actividades que realiza en Internet se recomienda hasta que sea mayor de edad, siempre tratando de hacerle entender que es por su seguridad, ya que no todos los contenidos son adecuados ni todas las personas que puede encontrar son recomendables.
  • Para el manejo de YouTube existe ahora la alternativa de YouTube Kids, app oficial para que los más pequeños puedan visionar vídeos con tranquilidad y para que la monitorización de los contenidos se haga de manera más sencilla por partes de los padres.
  • Para la navegación por Internet tanto en PC como en móvil es imprescindible un antivirus puesto que se meten sin querer en todo tipo de páginas con malware. Además de esto, existen aplicaciones que permiten configurar lo que puede y no puede hacer su hijo a través de Internet. Son muy útiles, sin embargo, no hay que olvidar que son filtros automáticos y que por lo tanto puede fallar, por lo que no debemos descuidar nuestra propia supervisión.
  • Intentaremos evitar que lo primero que quiera hacer nada más levantarse por la mañana o después de la siesta sea usar las nuevas tecnologías, es un signo de dependencia. Orientándole a lo que debe querer hacer un niño de corta edad, jugar.
  • Evitaremos en la medida de lo posible, que cuando estén con sus amigos se junten para jugar con el móvil, deberían jugar entre ellos e interactuar.
No podemos ni debemos estar encima de ellos todo el tiempo, sin embargo, es un problema nuevo, puesto que las anteriores generaciones no disponían de estas herramientas, que hay que atender para que crezcan sanos física e intelectualmente, sabiendo desenvolverse con las nuevas tecnologías sin quedar atrapados por su uso.

jueves, 18 de agosto de 2016

Curiosidad por pintar

bebe pintando

Dibujar es una actividad muy beneficiosa para tu bebé y su desarrollo intelectual. Comenzará a manifestarse su interés por las artes plásticas sobre los dos años de edad y entre las ventajas que podemos encontrar están:

  • Ayuda a estimular su creatividad e imaginación, permitiéndole crear algo de la nada.
  • Desarrolla la coordinación entre el ojo y la mano, aumentando el control que tiene sobre sus extremidades y afinando la visión de los detalles.
  • Aprende a distinguir los colores y como se llama cada uno, siempre que estés con él para enseñárselos. Si lo haces observarás que muy pronto ya conocerá todos los colores. Además, te permitirá saber si tu bebé podría ser daltónico, aunque eso sí, al principio es normal que confunda todos los nombres.
  • Comienza a comprender las formas y las diversas texturas dependiendo de si pintas con lápices, acuarelas, rotuladores... También puedes usar diversos materiales sobre los que pintar.
  • Fomenta la comprensión de un concepto tan abstracto y difícil de explicar como la relación causa-efecto, si muevo la mano hacia aquí, aparece una línea.
  • Incrementa la confianza en uno mismo y la autonomía al observar que puede ir haciendo cosas él sólo.
  • Le permite manifestar en cierto grado sentimientos que aún no sabe expresar de otra forma.

Precisamente, este último punto nos puede resultar muy útil para saber como se siente y en qué está pensando, que es algo que cualquier padre o madre se pregunta infinidad de veces. No obstante, siempre es mejor dejar al niño que explique él mismo qué ha querido dibujar y por qué, pues es la forma de obtener esa información de una forma más precisa.

Estás son algunas pautas que los psicólogos observan en los dibujos de los niños:

  • Según el tamaño: si los dibujos son pequeños indican que es un niño introvertido y con cierto grado de fata de autoconfianza.
  • Según la situación: si mayoritariamente dibuja en la parte superior del folio indica un alto grado de imaginación, deseo de aprender y un intelecto desarrollado. En la parte inferior izquierda muestra un deseo de seguir siendo pequeño y en la parte inferior derecha, todo lo contrario, deseo de autonomía.
  • Según los colores: el azul expresa sosiego y tranquilidad, el rojo energía y vitalidad, el naranja desasosiego e impaciencia, el amarillo curiosidad, el verde alto grado de sensibilidad e intuición, el negro un bajo nivel de autoconsciencia y el marrón seguridad en uno mismo. Utilizar un único color cuando ya lleva varios años pintando puede indicar tristeza y desilusión, no obstante, es muy habitual cuando se está aprendiendo
  • Según los trazos: si no son regulares y continuos indica impulsividad e inseguridad.

Consejos

  • Quizás lo más importante es que le proporciones un lugar adecuado para que pueda pintar con seguridad siempre que lo desee, sin que se pueda manchar en exceso o pueda estropear por ejemplo, las paredes. Si lo hiciera procura no ser demasiado severo para que no asocie el hecho de dibujar con un castigo, el problema está en dónde pinta, no en pintar.
  • Si es posible dibuja con él, compartir estos momentos aumentará los lazos entre vosotros, su confianza y su seguridad. Además, aprenderá antes y al observar que sus resultados mejoran muy pronto tendrá interés por seguir aprendiendo.
  • Adapta los materiales a las diferentes etapas de su crecimiento. Entre 1 y 2 años las ceras o los rotuladores son lo que usan más fácil. No te preocupes, actualmente existen estas herramientas de dibujo diseñadas para los más pequeños, muy fáciles de lavar y que no son tóxicos. Entre 2 y 3 años se vuelven como locos con las pinturas de manos. A partir de los 3 años ya estará capacitado para dibujar con lápices lo que le permitirá tener mayor control sobre lo que pinta y obtener mejores resultados, pues pueden adaptar fácilmente la intensidad controlando la presión que se ejerce y la precisión es mayor por su punta afilada.


Por todo ello, no lo dudes, alienta a tu bebé a que pinte y aprenda a manifestarse de una forma diferente. Además, no hay que olvidar, que muchos de ellos formarán un maravilloso recuerdo, no sólo de estar dibujando en familia, sino del dibujo en sí que siempre gusta volver a ver, tanto al niño como a los padres.