Un buen desayuno es clave
para que pueda afrontar el día con energía
Como
siempre se dice, el desayuno es la comida más importante del día y
en el caso de los bebés o niños, más aún, pues además de
aportarles los nutrientes necesarios para su correcto crecimiento
físico e intelectual, les proporciona, como mínimo, el 25% del
aporte calórico del día. Desayunando, nos aseguramos que dispongan
de la suficiente energía para llegar hasta la hora de la comida, o
al menos hasta el almuerzo (recomendamos 5 comidas al día, desayuno,
almuerzo, comida, merienda y cena). Por ello es tan recomendable
inculcar este hábito desde la más tierna infancia, que muchas veces
pasará por inculcarnoslo a nosotros mismos, ya que una buena forma
de enseñar siempre es con el ejemplo.
A
partir del año es el momento de incorporar en la alimentación de
nuestro bebe lácteos, frutas y cereales, los cuales deben estar
presentes a diario. Un ejemplo típico es combinar un lácteo (leche,
yogur adaptado, queso fresco...) con un farináceo (cerales, pan,
bizcocho casero...) y fruta (en zumo recién exprimido o media pieza
de fruta en trocitos).
Cuando
ya se haya acostumbrado a este tipo de desayuno en todas sus
variantes, puedes incluir además cacao, aceite de oliva, mermelada y
embutido bajo en grasa. Es importante no introducir estos cambios
hasta que no esté acostumbrado al desayuno tradicional puesto que
podría preferir estos extras al desayuno tradicional, derivando en
un desayuno que ya no es completo y estará desequilibrado.
Si
algún día no le apatece, no le fuerces, nunca hay que forzar cuando
estamos hablando de dar de comer pues puede ocasionar rechazo, lo
importante es que se vaya creando el hábito de desayunar al
levantarse por la mañana.
Trucos
para que se coman la fruta
A pesar de la importancia de la ingesta de fruta, no todos los padres
están concienciados suficientemente, y muestra de ello es que muchos
de ellos tampoco toman todas las piezas de fruta que deberían. Esto
muchas veces se traduce en que los bebés muestran cierto rechazo a
comerla y a pesar de nuestros esfuerzos, no siempre lo conseguimos.
Por eso os indicamos una serie de consejos que pueden ayudar:
-Da ejemplo, como en casi todas las facetas de la educación del
hijo, el ejemplo es de gran ayuda.
-Que no te importe que jueguen con ella (en cierta medida y
dependiendo de la edad) puesto que de jugar a comérsela hay sólo un
paso.
-Puedes preparársela de formas divertidas, echándole imaginación:
un plátano delfín, una carita en el plato, un abanico de
mandarinas, un kiwi erizo... Sino sabes o no se te ocurren ideas en
internet puedes encontrar diversos manuales. Recuerda que tu hijo
también puede ayudarte con las preparaciones haciendo que comer
fruta sea hasta divertido.
-Siempre será más sencillo que se alimenten con zumos, así que no
desesperes sino consigues que se tome la pieza, se puede ir
acostumbrando al sabor por medio de zumos o batidos.
Indicamos
un método eficaz y sencillo para establecer límites a nuestros
hijos.
En
el artículo anterior Poner
límites es fundamental para los niños desarrollamos la
importancia y las consecuencias negativas en la educación y
desarrollo de nuestros hijos de la ausencia de límites. También
comentamos que la existencia de limitaciones promueve la asimilación
de dos pilares básicos de la educación infantil:
-A
veces no se consigue lo que se quiere en cuanto se desea.
-Los
malos comportamientos o decisiones tienen consecuencias negativas.
Una
vez comprendido esto debemos decidir cómo vamos a establecer esos
límites, si indicándoselos en todo momento cada vez que sea
necesario (lo que pierde fuerza) o con algún otro método.
Aquí
usaremos una pizarra, papel o similar, colocado en un lugar visible
de la casa (y si puede ser a la que no tenga alcance directo para
evitar la tentación del menor de manipularla) dividida en dos
partes: una con un recuento de las veces que queremos recompensarle y
otra con un recuento de las veces en las que no nos ha gustado su
comportamiento. La primera parte fomenta el primer pilar puesto que
el niño observa que con buenas acciones y paciencia puede obtener un
premio (no hace falta que sea material, puede ser ponerse a jugar con
algo que le gusta mucho, ir a algún sitio, una comida que le
gusta... de hecho es recomendable que el tipo de recompensa varíe
para no asociar que sólo consigue ese tipo de premio sino que en
general obtendrá una recompensa, evitando los premios materiales en
la medida de lo posible).
De
esta forma tenderá a huir de la impaciencia y le enseñaremos a
manejar la frustración por no conseguir lo que quiere en cuanto lo
quiere mostrándole que el esfuerzo y la constancia forman un mejor
camino que la autocomplaciencia instantánea de “quiero esto
ahora”.
Para
ello en ocasiones le diremos que ocurrirá cuando acumule determinado
número de acciones positivas, cuál será el premio, mostrándole
una meta a largo plazo. El número de acciones positivas es
aconsejable establecerlo conjuntamente, haciéndole partícipe del
método, lo que fomentará su aceptación. Podemos fijar el número
haciendo que siempre sea el mismo o podemos variarlo en función del
premio que le vamos a dar. Se puede ir aumentando el número para
espaciar en el tiempo la entrega de recompensas hasta que al final no
sean necesarias, pero esto debe hacerse muy lentamente, sino es mejor
mantenerlo fijo, puesto que de lo contrario se podrían fijar unos
objetivos demasiado ambiciosos lo que provocaría el rechazo del
sistema.
No
siempre le diremos cuál será el premio, muchas veces porque no se
nos ocurrirá qué premio darle y otras para que no asimile que
siempre consigue lo que quiere de esa forma, provocando que se centre
demasiado en eso sin importarle cómo conseguirlo. Es decir, se le
enseña a que siempre hay que comportarse cómo nosotros consideramos
que es correcto, aunque no haya premio o lo desconozca. Esto es más
difícil de asimilar para los más pequeños así que si nos insiste
en saber de antemano cuál será el premio debemos decirselo, a
medida que vaya creciendo no nos lo pedirá y por supuesto también
dejará de ser necesaria la pizarra.
La
otra mitad, claramente, fomenta la idea de que los malos
comportamientos provocan consecuencias negativas en forma de castigo.
Entiéndase castigo en su concepto más amplio, una repercusión por
sus acciones, no va al parque a jugar, no ve la tele (muy útil pues
en general están delante del televisor demasiado tiempo) no puede
jugar con nuestro móvil (en general desaconsejamos dejárselo y si
lo hacemos, siempre delante nuestro para controlar el tiempo y
también muy importante qué hace con él puesto que hay infinidad de
contenido que no es apto) le quitamos un juguete... cada padre o
madre sabrá mejor cuál es la consecuencia que debe tener un
reiterado mal comportamiento.
Esto
no quiere decir que no podamos reprimirle en el momento que hace algo
mal puesto que no ha acumulado suficientes acciones negativas, al
contrario, puesto que podría entrar en el juego de saber que no va a
pasar nada hasta que llegue a determinado número, volviéndose en
contra el método puesto que le enseñaríamos que, en ocasiones, las
malas acciones no tienen consecuencias negativas. Siempre hay que
regañarle por lo que ha hecho mal pero controlando la intensidad
puesto que podría provocar un rechazo a las normas y a los padres en
general en caso de intensidad excesiva. Es mejor quedarse por debajo
que sobrepasarse, no obstante si acumula muchas las consecuencias
deben ser más graves para él, puesto que sino no aprende nada de
esa situación.
El
castigo es mejor si es inmediato, es decir, si está viendo la tele,
se le apaga, si está jugando con un juguete se le quita... ya que
tienen en este aspecto mala memoria y si les dices mañana no saldrás
al parque en ese momento le dará igual (perdiendo la eficacia del
castigo, puesto que hay una consecuencia pero no la percibe) y cuando
llegue el día siguiente es muy posible que ni siquiera recuerde qué
es lo que hizo mal para merecer ese castigo (por lo que le estaríamos
castigando por nada según su punto de vista haciendo que las normas
y la autoridad carezcan de sentido y parezca todo arbitrario).
Cómo
el objetivo es doble, queremos muchas acciones buenas y ninguna mala,
podemos establecer un reto doble, por ejemplo, si consigue
determinado número de acciones buenas y ninguna mala premio doble o
mayor, puesto que sino la importancia de la existencia de malas
conductas en presencia de otras buenas disminuye mucho haciendo más
débil el mensaje que queremos transmitirle: ninguna acción mala
como meta (obviamente son niños y alguna harán).
La
edad en la que se puede utilizar este método varía según el
desarrollo de cada bebé, pero cuando es plenamente consciente, puede
interpretar perfectamente nuestras ideas y él expresar las suyas, ya
se puede emplear. Suele variar entre los 3 y los 4 años, pero si es
necesario se puede emplear en edades más avanzadas, no obstante,
conforme sean mayores normalmente, será más difícil de establecer.
Su
uso se puede extender todo el tiempo necesario, hasta que ya
consideremos que es prescindible, pero mejor hacerlo de una manera
progresiva, estableciendo retos más ambiciosos aunque siempre
alcanzables. Lo ideal sería dejar este método con un gran reto que
además del premio ponga fin a la existencia del sistema de la
pizarra comunicándole esto con antelación.
Este
método es sólo un ejemplo, se puede usar una variante de él u otro
completamente distinto, lo importante, como siempre, es mirar a largo
plazo y establecer normas y límites para que nuestros hijos crezcan
equilibrados y felices.
Vídeo de Bebes Dormilones, una buena opción para que sueñen
Esto es algo que
de forma casi instintiva, todos los padres saben, sin embargo, puede
ser difícil llevarlo a cabo.
Cada vez se
presentan más casos en los que los padres son acosados por las
exigencias de sus hijos, han perdido todo el control sobre la
situación y no saben cómo abordar el problema. En muchas ocasiones
la resolución de este tipo de problema con los hijos (prácticamente
en todos) suele ser complicada y frecuentemente se necesita la ayuda
de profesionales.
Lo que hay que
recordar es que casi siempre esta actitud del menor se debe a una
mala educación por parte de su entorno familiar,
permitiéndole, desde la más temprana edad, conseguir todos sus
caprichos. Por ello es muy importante establecer limitaciones entre
lo que pueden o no pueden hacer nuestros hijos, antes de que pueda
suponer un problema serio.
La educación debe
comenzar desde que tienen uso de razón, desde bebés (por supuesto,
que puedan hablar y entendernos, sino es imposible, claro está)
porque, cómo cualquier otro hábito, es más difícil modificar la
conducta cuanto más tiempo pasa. Por supuesto, no utilizaremos la
misma inflexión, expresión corporal ni severidad cuando es más
pequeño. Con suerte, si se usa bien, nunca debemos aumentar el grado
de la imposición de límites puesto que el niño se acostumbrará a
su existencia y no se planteará rebatirlos.
Es normal que a la
hora de establecer los límites te surjan dudas sobre si realmente
era necesario, si hemos actuado bien, si hemos tomado la mejor
decisión... Forma parte de la lucha interior que mantienen los
padres entre la parte racional de nuestro cerebro que nos dice que
esa decisión que hemos tomado es lo mejor para él y la parte
emocional que quiere verle feliz ahora. Si lo pensamos desde otro
punto de vista, es la encrucijada entre obtener una recompensa a
largo plazo (nuestro hijo será equilibrado y feliz) o
conseguirla de forma inmediata (nuestro hijo se sale con la suya y en
ese momento es feliz pero a la larga puede tener graves consecuencias
tanto para él como para la familia).
En el caso de la
educación de los padres a los hijos, siempre debemos pensar a largo
plazo, puesto que la verdadera educación se realiza con constancia
no con cortos consejos o lecciones que se acaban olvidando.
Establecer
limitaciones a nuestros bebés por supuesto no quiere decir que nos
enfademos, ni mucho menos que les gritemos (de hecho esto podría
provocar un rechazo precisamente de lo que queremos enseñarle)
tenemos que explicarles qué deben hacer por su bien, por qué
se pueden hacer daño, por qué no está bien visto en la sociedad...
el motivo correspondiente, pero siempre hay que facilitarle una
causa. Esto les ayuda a comprender el mensaje que les queremos dar
puesto que a medida que crecen, por naturaleza, son cada vez más
curiosos, y si les establecemos límites injustificados pierden valor
e importancia en la mente del niño. En algunas ocasiones la
explicación es demasiado compleja como para que puedan entenderlo
(por mucho que te esfuerces en simplificarlo); da igual, dásela,
aunque no la entienda, observará que hay un motivo y muchas
veces simplemente con eso les valdrá para retenerlo y asimilarlo en
su conducta, ya lo entenderá cuando crezca un poco.
Las consecuencias
de la ausencia de límites para los niños, además de las antes
mencionadas, pueden ser: falta de control (puesto que han comprobado
que no es necesario para conseguir lo que quieren), impulsividad
desmedida e impaciencia(no saben mirar a largo plazo), intolerancia a
la frustración (siempre consiguen lo que quieren), no cumplen las
normas y sienten que deben tener privilegios (porque sabe que los
demás tienen límites pero él no), suelen ser manipuladores
haciendo que los demás se sientan mal para conseguir lo que quieren
siendo impertinentes (es lo primero que aprenden cuando no hay
límites), no se esfuerzan, son poco colaborativos... Todo esto junto
puede hacer, además, que sean agresivos.
Los principales
valores que se aprenden con la existencia de límites son dos:
-Se enseña que a
veces no se consigue lo que se quiere en cuanto se desea. Esto mejora
su constancia, buena conducta, su paciencia, su empatía, la
complicidad con los padres, su autocontrol, la necesidad del
esfuerzo, su capacidad colaborativa...
-Se enseña que
malos comportamientos o decisiones tienen consecuencias negativas,
las cuales hay que aceptar, asumir y corregir. De esta forma mejora
la capacidad de autocrítica, la capacidad de analizar nuestro propio
comportamiento, nuestro afán de mejora constante, también mejora la
empatía y el sentimiento de que se necesita justicia en nuestra
sociedad.
Este último valor
es el que tradicionalmente se tiene más olvidado, y sólo tenemos
que mirar nuestro propio comportamiento y es que muchos asumiremos
que ante una crítica, que puede ser constructiva y objetivamente
hablando real, nosotros tendemos a enrrocarnos en nuestra posición,
sin dar nuestro brazo a torcer. Somos poco capaces, en líneas
generales, de asumir nuestra culpa y pedir perdón. De ahí el auge
en redes sociales de los llamados haters, en algunas ocasiones
existen porque saben que nos vamos a pedir disculpas por un mal
comportamiento y vamos a discutir, que es lo que realmente quieren.
En otros casos simplemente no se entiende el por qué de estos
individuos.
No debemos ceder
antes los chantajes del tipo que sean (emocionales, de mal
comportamiento...) en ninguna circunstancia ni lugar. El ejemplo
claro lo encontramos en los niños que se portan peor cuando hay
público porque saben que nos avergonzamos de su mal comportamiento
consiguiendo lo que quieren. Es difícil luchar contra ese
sentimiento de vergüenza, pero una vez más, debemos pensar a largo
plazo, ¿queremos un niño que una vez se comportó mal en público y
que tiempo después no nos acordaremos que pasó? ¿o un niño que
siempre se comporta mal en público porque no supimos establecer
límites en su momento? De esto último siempre nos acordaríamos y
lamentaríamos.
Por ello hay que
evitar siempre el refuerzo negativo, es decir, recompensar de manera
indirecta, facilitandole al niño lo que desea para que deje de
comportarse mal. Evidentemente, si lo pensamos, nosotros no queremos
recompensar las malas acciones, pero es el mensaje que se le queda
grabado al pequeño: si quiero algo y no me lo dan, me comporto mal y
entonces me lo dan para que deje de comportarme así.
En vez de eso,
deberíamos mantenernos en nuestra postura negándole lo que
estimamos oportuno siempre razonando el por qué de nuestra decisión.
Si el motivo es un mal comportamiento previo, automáticamente le
estás enseñando que comportarse mal tiene consecuencias negativas.
Pasado un tiempo
(otro día por ejemplo, no dejando pasar mucho tiempo para que
recuerde el mensaje que le queremos transmitir) cuando se comporte
bien, quizás podemos recompensarle con lo que le negamos el día
anterior. De esta forma asume que la mejor forma de conseguir lo que
quiere es siguiendo las reglas. Portarse bien tiene consecuencias
positivas. Esto sería educar con refuerzo positivo.
Les transmitimos
las nociones básicas del bien y el mal, conceptos muy complejos
simplificados para que los entiendan nuestros hijos.
En resumen, los
padres deben enseñar qué es lo correcto, a aceptar la
negativa ante algo deseado, a ser pacientes y lo que es el
sentimiento de frustración dándole recursos con los que hacerle
frente, porque para que un niño cuando sea adulto pueda seguir su
propio camino, estableciendo sus propias reglas, antes debe haber
conocido las limitaciones puestas desde fuera, por sus padres.
Muchas
veces no podemos evitar ponernos nerviosos cuando no obedecen.
Siguiendo estos pasos conseguiremos que hagan más caso consiguiendo
de esta forma un mejor ambiente familiar
1. Seguramente
muchas veces hayas oido lo de educar con refuerzo positivo, ¿pero en
qué consiste? Casi de forma natural vamos educando a nuestros hijos
en negativo, esto es porque cuando son muy muy pequeños apenas
comprenden nuestras palabras y para evitar situaciones de riesgo o
peligro utilizamos una sencilla y corta palabra: No. Esto cuando son
pequeños no es malo puesto que es una sencilla y directa instrucción
que puede paralizar la acción indeseada ayudando a mantenerle a
salvo.
No
obstante, a medida que vaya creciendo e interprete mejor frases más
complejas, debemos ir desterrando ese simple no y utilizar el
refuerzo positivo. Esto se debe a que podemos decir una enorme
cantidad de veces a lo largo del día esa misma palabra (puedes hacer
la prueba y te asombrarás) hasta 80 veces perdiendo de esta forma
totalmente su efecto disuasorio y provocando una cierta inmunidad
puesto que no surte ningún efecto. Si empiezas a percibir que ese No
le entra por un oído y le sale por otro, ha llegado el momento,
debes cambiar al refuerzo positivo.
Los
psicólogos nos demuestran que el refuerzo positivo es más
beneficioso y útil. Para ello cambiaríamos el mensaje de “No
pegues a tu hermana” por “Trata bien a tu hermana”, “No cojas
eso” por “Coge esto otro” o “No veas la televisión” por
“¿Leemos un rato?
2. Perder
la paciencia es sencillamente demasiado fácil, y lo peor es que
nuestros hijos son sumamente observadores y se ven que nos molestan
ciertas actitudes, no dudarán en fomentarlas cuando no consigan lo
que desean provocando que hagan más veces aquello que tanto nos
molestó que hicieran. Como se puede apreciar es sumamente nocivo.
Por ello debemos controlar nuestras emociones todo lo que podamos
cuando estemos enfadados por algo que han hecho o dicho, usando la
firmeza justa y mostrándose sosegado y calmado, lo que ayudará a
que no hagan esa acción por despecho hacia vosotros, pues observan
que no tiene ningún efecto en nuestro ánimo (en apariencia claro).
Esto, por supuesto, es más fácil decirlo que hacerlo, pero con
práctica y determinación tendremos la suficiente destreza para
lidiar con estas situaciones.
3. Sin
darnos cuenta damos instrucciones demasiado ambiguas, vagas o
incluso contradictorias. Como por ejemplo: “pórtate bien”
“tienes que ser bueno”. Órdenes tan sencillas que no aportan
ningún tipo de información de cómo tienen que actuar ni por qué.
Este último punto es importante, a medida de que crezcan, las
órdenes nuevas pedirán que las argumentemos, no valdrá con
enunciarlas, querrán saber por qué. Este paso es natural y no
debemos tomarlo como un reto, sino como un intento por parte de
nuestros hijos por comprendernos y saber cómo funciona el mundo.
Debemos
por ello procurar ser más específicos, concisos, aclarando lo que
esperamos de ellos y por qué. Como ejemplos: “En la biblioteca hay
que hablar bajito porque la gente está leyendo” o “Tenemos que
hacer la fila para poder entrar porque sino sería muy complicado
entrar todos a la vez”. Recordar que la argumentación sólo es
necesaria para instrucciones nuevas, sino si que podría ser un
intento de sacar de quicio. Hay que evitar por completo frases como
“Porque yo lo digo” proporciona un aire de autoritarismo muy
dañino y favorece que el niño entienda que la inflexión y cierta
cabezonería son buenas formas de actuar.
4. Por
último está el detalle que muchas veces los padres olvidan:
debemos ser ejemplificantes. En muchas ocasiones los padres se
quejan de la actitud de su hijo cuando realmente ellos mismos se
comportan igual aunque a otra escala y aunque es natural que
queramos que nuestros hijos sean mejores que nosotros, es muy
difícil que la actitud de nuestros hijos sea diferente de la
nuestra, por lo que debemos ser todo lo que queremos que sean,
bondadosos, generosos, ordenados, obedientes...
Mucho
ánimo con esa educación!
Duerme a tu bebé con música clásica y desarrolla su inteligencia mientras duerme
Los
bebés suelen empezar a mostrar sus primeras rabietas a los 2 años
Entre
los 2 y 3 años nuestro bebé puede comenzar a tener cambios de humor
repentinos, desobedecer, chillar porque no consigue lo que quiere, lo
que se conoce como una rabieta. Cuando aparecen suelen mostrarse muy
distantes, poco comunicativos, sin capacidad de razonamiento ni
autocontrol. Esto suele desesperar a los padres, como es lógico,
puesto que aparentemente no pueden hacer nada para calmarlo, siendo
la única escapatoria, transigir dejando que consiga lo que quería.
Esto no debemos hacerlo nunca, debemos ser firmes con nuestras
decisiones, sin que ello signifique ser intransigentes, al contrario,
debemos mantenernos negociantes, conciliadores y serenos, pero sin
cambiar nuestra decisión.
Es
difícil mantener la calma, especialmente en lugares públicos. En
ocasiones podrás pensar que precisamente cuando estamos en estos
espacios es cuando peor se portan, y efectivamente, saben que ahí
tienen más poder, por ello es donde debemos mostrarnos más firmes y
convincentes sin importar las miradas de los demás.
Las
rabietas, en contra de las creencia popular, son necesarias (en su
justa medida) para el desarrollo de nuestros hijos, pues es cuando
empiezan a comprender que son seres independientes de nosotros y que
nuestras decisiones no tienen por qué ser las que ellos quieren. Es
por tanto, un mecanismo para demostrar que están disgustados y que
efectivamente pueden hacer cosas diferentes a lo que nosotros
queremos, que disponen de la capacidad de decidir si lo que nosotros
queremos se tiene que cumplir o no.
El
objetivo, una vez que ha descubierto esta capacidad, es que
comprendan que hay mejores formas de demostrar su disgusto y que en
ocasiones, tendrán que hacer algo que no desean, forma parte de ir
madurando.
Un
paso muy importante para que las rabietas se encaucen, sean
productivas y disminuya su frecuencia, es la actitud que los padres
tenemos ante ellas. Debemos mantener la calma y estar serenos, no
demostrar que nos puede hacer explotar en cualquier momento, porque
le dará más fuerza y se podría convertir en un problema. No hay
que recurrir ni a los gritos, ni al chantaje ni a ridiculizarle. Es
fundamental que el niño perciba que aunque su comportamiento en ese
momento no nos agrada, les seguimos queriendo tal y como es.
Tenemos
que evitar en la medida de lo posible usar el “no”, especialmente
el “no” sin argumentos, no es lo mismo “No toques!” que
“Cuidado, que si tocas eso podrías hacerte daño”. De esta forma
el niño puede entender que no es no porque sí, es un no porque
tenemos miedo de que se haga daño. De todas formas, a veces, es
necesario, permitir que investiguen, que se den cuenta por ellos
mismos del riesgo que puede tener una determinada acción que
prohibirla de entrada, puesto que aprenderá más para el futuro de
algo que ha aprendido él que de algo que le han prohibido y que
precisamente por eso, siempre tendrá más ganas de hacer.
Hay
que hacerle ver que le comprendemos, que entendemos su punto de
vista, sin que ello signifique cambiar de postura. De esta forma,
transformamos una rabieta sin control en una charla con distintos
puntos de vista. No hay que insistir demasiado en los motivos de
nuestra decisión, con una vez es suficiente, aunque seguramente
ellos seguirán esgrimiendo los mismo argumentos. Llegado a ese
punto, debemos acompañarle mientras se va calmando, sin enfadarnos,
sin gritar y estando disponibles para cualquier contacto físico,
muestra evidente de que quieren calmarse pero no saben cómo hacerlo.
Igual
de importante que superar la rabieta es el momento post-rabieta,
donde se mostrará más dialogante y podremos comprender mejor qué
ocurrió para que se pusiera así, dándole alternativas de
comportamiento y explicando nuestro punto de vista.
Como
consejos finales debemos tener mucha paciencia, saber escuchar,
intentar ponernos en su lugar, facilitarles su independencia y tener
en cuenta sus sentimientos.
Para
ayudar a mantenernos serenos debemos recordar que esta etapa es
siempre pasajera, mientras el niño madura y adquiere otras
herramientas más constructivas. Ánimo!
Realizar actividad física
es beneficioso para todos, también para el bebé que, además, le
ayudará a desarrollar sus habilidades psicomotrices
No
obstante, no está definida con claridad una edad específica para
realizar cada actividad, puesto que cada niño aprende a su propio
ritmo y en la mayoría de los casos no se puede evolucionar y
desempeñar nuevas actividades hasta que no se dominan otros pasos
previos. Esto ocurre sobre todo al principio, cuando el bebé es más
pequeño.
La
primera actividad física de relevancia que hacen los bebés es
gatear. Antes de hacer esto, tendrá que ejercitar los músculos de
las extremidades y del cuello para mantener la cabeza recta y tener
unas nociones de equilibrio. Es la primera habilidad que le permite
desplazarse y por ello les encanta. No obstante, hay algunos niños
que se saltan directamente esta fase y comienzan por andar.
Cuando
aumenta más la fuerza y sobre todo el equilibrio pueden comenzar a
caminar. Sus primeros pasos serán torpes y deberán hacerlos en
presencia de un adulto para asegurar que no se haga daño al caerse.
Esto debemos tenerlo claro, se caerá, es normal y necesario para
aprender, sólo hay que procurar que no se haga daño. Debemos
asegurarnos de que lo haga en una zona segura, sin esquinas que se
pueda clavar y ningún objeto con el que pueda tropezarse o
resbalarse.
Existen
en el mercado unos tirantes donde el niño se cuelga para aprender a
andar, no obstante, los desaconsejamos porque podría forzar a malas
posturas, es incómodo para el bebé y para los padres y realmente no
resulta útil, tu hijo es muy probable que lo rechace y prefiera
intentarlo sin aparatos a su alrededor, con libertad.
La
mejor forma de aprender es la tradicional, uno de los padres sujeta
al bebé, manteniéndolo de pie y se le anima que vaya con el
progenitor. Inicialmente tendrá que ir cogido de las manos, después
dará un paso y se tirará a los brazos del padre o madre y poco a
poco se irá soltando, dando cada vez más pasos.
No
debemos agobiarnos si consideramos que nuestro hijo ya es mayor y aún
no anda, cada proceso de aprendizaje es distinto. De todas formas,
como siempre, si tenemos dudas debemos acudir a su pediatra para
obtener la opinión del profesional.
A
continuación, el paso natural es correr. Ya será bastante mayor y
podrá ejercitarse con otras actividades que les suele gusta a todos,
como escalar intentando meterse por cualquier recoveco. Jugar al
escondite es una buena actividad para los más pequeños y ¡muy
divertida!
El
equilibrio debe aumentar mucho para aprender a saltar. En un comienzo
sólo podrá hacerlo si está sujetándose a algo, no podrá
impulsarse sólo con las piernas.
En este
punto ya ha aprendido lo básico para realizar cualquier actividad
física o deporte, como fútbol, baloncesto (le costará bastante
botar bien la pelota, pero encestar le gustará bastante), ciclismo,
natación... Para el ciclismo es recomendable empezar con ruedines de
apoyo para simplificar el equilibrio. Actualmente existen las
llamadas bicicletas de equilibrio, que no tienen pedales, son sólo
dos ruedas y un sillín, lo que les permite acostumbrarse a cómo
mantener el equilibrio en una bici de verdad. No hay que olvidar
utilizar todas las medidas de protección adecuadas para la edad del
niño, casco, rodilleras, coderas...
Para la
natación hay en la actualidad muchos cursos para iniciar a los bebés
en esta disciplina, lo que simplificará su aprendizaje y les hará
sentirse cómodos en ese entorno. Como es bien sabido la natación es
uno de los deportes más completos lo que ayudará mucho a la
psicomotricidad y el desarrollo de la musculatura del bebé en todas
las etapas de su crecimiento. Una vez más, no hay que olvidar la
seguridad, debiendo estar en la piscina siempre con un adulto
presente y con objetos que le ayuden a la flotabilidad mientras aún
no domine bien la natación.
Una ventaja añadida a la realización de actividades físicas y deportes es que fomenta y desarrolla otras aptitudes beneficiosas para que nuestro hijo esté correctamente integrado en la sociedad. Entre ellas se encuentra la mejora en la intercomunicación en público y de las relaciones sociales, puesto que muchos deportes se realizan en grupo, lo que conlleva otros beneficios como son: saber escuchar, aumento de la autodisciplina y el valor del sacrificio, saber trabajar en equipo, alcanzar dotes de liderazgo, desarrollo de la capacidad de delegar, el uso de valores democráticos, la compasión, el deseo de autosuperación y por supuesto la amistad.
No
importa qué actividad física realice, lo importante es que salga a
la calle, y haga ejercicio mientras juega y se divierte al aire
libre. Intentaremos de esta forma crear un hábito saludable, que de
hacerlo bien, lo mantendrá durante toda su vida. Esto le ayudará a
crecer sano y fuerte, sintiéndose bien física y mentalmente.
Es una tarea complicada
saber administrar los contenidos y la duración en la que nuestros
hijos están "conectados" a las nuevas tecnologías.
Sin embargo, los beneficios que pueden
aportar al intelecto, y las capacidades y aptitudes que se
desarrollan con el uso por parte de los más pequeños de las nuevas
tecnologías, son indiscutibles. Entre ellas podemos encontrar:
Alfabetización digital temprana, permitiendo manejar
distintas tecnologías y dispositivos como el móvil, la tablet, el
ordenador... Esto le ayuda a sentirse más autónomo y libre,
pudiendo descubrir la información que más le interesa por medio de
buscadores como Google, vídeos como YouTube y el manejo de
distintas apps.
Ayuda a desenvolverse bien con aparatos y dispositivos que no
conoce por extrapolación de otros que si conoce aumentando sus
conocimientos tecnológicos y asegurando una buena adaptación a
este mundo tan informatizado.
Mejora los conocimientos de cualquier otra área de la
cultura por medio del uso de aplicaciones educativas permitiéndole
profundizar y adelantar su formación al tiempo que aumenta su
capacidad intelectual y de interpretar la realidad, como la relación
causa-efecto. Encontrarás apps para fomentar la lectura, la
escritura, las matemáticas, el dibujo, la resolución de problemas,
la música, la historia, la naturaleza y nuestro entorno, el uso de
habilidades sociales, el lenguaje y su pronunciación, el espacio
tridimensional... En fin, prácticamente, para lo que desees, desde
lo más avanzado y práctico hasta lo más trivial.
Fomenta las relaciones sociales por medio de redes sociales y
de comunicación como WhatsApp, Facebook, Skype... Descubriendo otra
forma de conocer gente y de establecer una nueva manera de
comunicarse con gente que ya conoce como familiares y amigos.
Por supuesto, también supone una fuente inagotable de
entretenimiento digital, mejorando la asociación ojo-mano, la
psicomotricidad y los reflejos.
Ante estas
ventajas no debemos cerrar la puerta a nuestros hijos a las nuevas
tecnologías, pero eso si, debemos tomar precauciones y estar
vigilantes para evitar efectos como:
Excesiva dependencia de las nuevas tecnologías y el
entretenimiento digital. Aquí podríamos incluir a la televisión,
pues el efecto es el mismo, provocando que no tengan interés por
hacer otra actividad.
Ansiedad porque llegue el momento por estar conectados.
Estadios tempranos de depresión sino es posible usar las
nuevas tecnologías.
Desconexión de la realidad, impidiendo una sana
interpretación de la misma.
Dificultad para interaccionar con otras personas en la vida
real.
Problemas para hacerse entender por falta de práctica en la
expresión oral.
Por ello,
siempre deberemos adaptar el uso de las mismas a la edad del niño,
no todo vale, siendo la duración de su utilización el factor más
importante. Para guiarnos en cómo adaptarnos a cada edad se pueden
utilizar los siguientes patrones:
En niños menores de 6 meses abstenernos a cualquier
utilización de estos entretenimientos, salvo para poner música y
algunos vídeos especialmente diseñados para éstas edades que
básicamente sólo muestran formas y colores y suelen ser para
tranquilizarlos.
Entre los 6 meses y el año y medio se pueden ir
incrementando gradualmente su uso, instalando apps educativas y
aumentando la duración hasta 30 min al día.
Entre el año y medio y los 3 años se pueden usar todas las
apps educativas que se quiera, mejor si es para su edad para que no
sea demasiado difícil lo que podría desmotivarle, pero en
cualquier caso la mejor forma de decidirlo es viendo cómo lo usa tu
hijo. También se le puede introducir, si surge, al uso de
aplicaciones de comunicación como WhatsApp y Skype, siempre con
cuentas de los padres, para que vea cómo se usa y esté más en
contacto con, por ejemplo, sus familiares más lejanos. YouTube
también puede empezar a usarlo bajo supervisión, pero nunca más
de 15 minutos. No son recomendables juegos meramente por cuestiones
de pasatiempos puesto que a estas edades resultan excesivamente
adictivos.
Entre los 3 y los 6 años irá aumentando el tiempo y la
diversidad de plataformas y aplicaciones. En esta época querrá
tener cada vez más autonomía y capacidad de decisión en cómo
emplea su tiempo y en las aplicaciones que utiliza, pero debemos
mantenernos firmes de forma constante, las excepciones por un día,
rara vez son sólo para ese día. Esto no quiere decir que seamos
inflexibles, permitiéndole tener aplicaciones de entretenimiento,
debiendo controlar que el tiempo no supere la hora diaria. Sería
interesante que le inculcaras la aplicación principal que en sus
inicios tenía Internet, la búsqueda de información y formación,
mostrándole cómo puede usar las nuevas tecnologías para su
aplicación en el colegio.
A partir de los 6 años ya no querrán usar las nuevas
tecnologías más que para el entretenimiento, por lo que sólo
podremos tratar de ejemplificar con nuestro propio uso y supervisar
que el tiempo no sea mayor de 1 hora diaria.
Además de
tratar de adaptar el uso que nuestros hijos dan a las nuevas
tecnologías existen otros consejos que podemos seguir para conseguir
un buen acoplamiento al mundo tecnológico por parte de nuestros
hijos:
Una de las mejores herramientas de las que disponemos es el
ejemplo, si nosotros las usamos con responsabilidad, aprenderán de
la mejor de las maneras a esta edad, por imitación.
También debemos hacerle comprender que no es su móvil, su
televisión, ni su ordenador, tú lo has pagado y él puede usarlo
siguiendo tus indicaciones.
No debe abrirse cuentas propias hasta al menos los 12 años y
aunque ya sea mayor, la supervisión de las actividades que realiza
en Internet se recomienda hasta que sea mayor de edad, siempre
tratando de hacerle entender que es por su seguridad, ya que no
todos los contenidos son adecuados ni todas las personas que puede
encontrar son recomendables.
Para el manejo de YouTube existe ahora la alternativa de
YouTube Kids, app oficial para que los más pequeños puedan
visionar vídeos con tranquilidad y para que la monitorización de
los contenidos se haga de manera más sencilla por partes de los
padres.
Para la navegación por Internet tanto en PC como en móvil
es imprescindible un antivirus puesto que se meten sin querer en
todo tipo de páginas con malware. Además de esto, existen
aplicaciones que permiten configurar lo que puede y no puede hacer
su hijo a través de Internet. Son muy útiles, sin embargo, no hay
que olvidar que son filtros automáticos y que por lo tanto puede
fallar, por lo que no debemos descuidar nuestra propia supervisión.
Intentaremos evitar que lo primero que quiera hacer nada más
levantarse por la mañana o después de la siesta sea usar las
nuevas tecnologías, es un signo de dependencia. Orientándole a lo
que debe querer hacer un niño de corta edad, jugar.
Evitaremos en la medida de lo posible, que cuando estén con
sus amigos se junten para jugar con el móvil, deberían jugar entre
ellos e interactuar.
No podemos ni debemos estar encima de
ellos todo el tiempo, sin embargo, es un problema nuevo, puesto que
las anteriores generaciones no disponían de estas herramientas, que
hay que atender para que crezcan sanos física e intelectualmente,
sabiendo desenvolverse con las nuevas tecnologías sin quedar
atrapados por su uso.
Dibujar es una
actividad muy beneficiosa para tu bebé y su desarrollo intelectual.
Comenzará a manifestarse su interés por las artes plásticas sobre
los dos años de edad y entre las ventajas que podemos encontrar
están:
Ayuda a estimular su creatividad e
imaginación, permitiéndole crear algo de la nada.
Desarrolla la coordinación entre
el ojo y la mano, aumentando el control que tiene sobre sus
extremidades y afinando la visión de los detalles.
Aprende a distinguir los colores y
como se llama cada uno, siempre que estés con él para
enseñárselos. Si lo haces observarás que muy pronto ya conocerá
todos los colores. Además, te permitirá saber si tu bebé podría
ser daltónico, aunque eso sí, al principio es normal que confunda
todos los nombres.
Comienza a comprender las formas y
las diversas texturas dependiendo de si pintas con lápices,
acuarelas, rotuladores... También puedes usar diversos materiales
sobre los que pintar.
Fomenta la comprensión de un
concepto tan abstracto y difícil de explicar como la relación
causa-efecto, si muevo la mano hacia aquí, aparece una línea.
Incrementa la confianza en uno
mismo y la autonomía al observar que puede ir haciendo cosas él
sólo.
Le permite manifestar en cierto
grado sentimientos que aún no sabe expresar de otra forma.
Precisamente, este
último punto nos puede resultar muy útil para saber como se siente
y en qué está pensando, que es algo que cualquier padre o madre se
pregunta infinidad de veces. No obstante, siempre es mejor dejar al
niño que explique él mismo qué ha querido dibujar y por qué, pues
es la forma de obtener esa información de una forma más precisa.
Estás son algunas
pautas que los psicólogos observan en los dibujos de los niños:
Según el tamaño: si los
dibujos son pequeños indican que es un niño introvertido y con
cierto grado de fata de autoconfianza.
Según la situación:
si mayoritariamente dibuja en la parte superior del folio indica un
alto grado de imaginación, deseo de aprender y un intelecto
desarrollado. En la parte inferior izquierda muestra un deseo de
seguir siendo pequeño y en la parte inferior derecha, todo lo
contrario, deseo de autonomía.
Según
los colores: el azul
expresa sosiego y tranquilidad, el rojo energía y vitalidad, el
naranja desasosiego e impaciencia, el amarillo curiosidad, el verde
alto grado de sensibilidad e intuición, el negro un bajo nivel de
autoconsciencia y el marrón seguridad en uno mismo. Utilizar un
único color cuando ya lleva varios años pintando puede indicar
tristeza y desilusión, no obstante, es muy habitual cuando se está
aprendiendo
Según
los trazos: si no
son regulares y continuos indica impulsividad e inseguridad.
Consejos
Quizás
lo más importante es que le proporciones un lugar adecuado para que
pueda pintar con seguridad siempre que lo desee, sin que se pueda
manchar en exceso o pueda estropear por ejemplo, las paredes. Si lo
hiciera procura no ser demasiado severo para que no asocie el hecho
de dibujar con un castigo, el problema está en dónde pinta, no en
pintar.
Si
es posible dibuja con él, compartir estos momentos aumentará los
lazos entre vosotros, su confianza y su seguridad. Además,
aprenderá antes y al observar que sus resultados mejoran muy pronto
tendrá interés por seguir aprendiendo.
Adapta
los materiales a las diferentes etapas de su crecimiento. Entre 1 y
2 años las ceras o los rotuladores son lo que usan más fácil. No
te preocupes, actualmente existen estas herramientas de dibujo
diseñadas para los más pequeños, muy fáciles de lavar y que no
son tóxicos. Entre 2 y 3 años se vuelven como locos con las
pinturas de manos. A partir de los 3 años ya estará capacitado
para dibujar con lápices lo que le permitirá tener mayor control
sobre lo que pinta y obtener mejores resultados, pues pueden adaptar
fácilmente la intensidad controlando la presión que se ejerce y la
precisión es mayor por su punta afilada.
Por todo ello, no
lo dudes, alienta a tu bebé a que pinte y aprenda a manifestarse de
una forma diferente. Además, no hay que olvidar, que muchos de ellos
formarán un maravilloso recuerdo, no sólo de estar dibujando en
familia, sino del dibujo en sí que siempre gusta volver a ver, tanto
al niño como a los padres.